EMELY.—¿Qué es lo que quieres, Tamara? —le pregunté, manteniendo la voz firme a pesar de que sentía un ligero mareo. Mi cuerpo estaba débil, pero mi voluntad no.Ella se giró con una lentitud felina, recorriéndome con una mirada cargada de asco.—Que recojas tus cosas y te largues de aquí —escupió, dando un paso hacia mí—. No perteneces a este lugar, ni a este mundo.—Tú no eres la dueña de esta casa —respondí, cruzándome de brazos—. El dueño es Olivar, tu Alfa. Él es quien decide quién se queda y quién se va.Tamara soltó una carcajada seca, carente de cualquier pizca de humor.—¿Tú qué sabes de nosotros, humana? No eres más que un accidente biológico.—Sé demasiado, Tamara. Sé lo suficiente para entender que estás desesperada —le dije, dándole una mirada gélida—. Y como invitada especial de esta casa, te pido que te largues. No vuelvas a aparecer por aquí a menos que seas invitada formalmente.La empleada que estaba a mi lado, pálida como un papel, susurró con angustia.—Señora, po
Ler mais