Grace
Desde mi ventana, Nashville parecía una alfombra de luces centelleantes que se extendía hasta perderse en la oscuridad del horizonte. El penthouse siempre había sido mi refugio, un monumento a mi éxito, a mi independencia y, en ocasiones, a mi soledad. Las paredes blancas, el arte minimalista y los techos de doble altura gritaban "perfección", pero carecían de ese calor humano que solo se encuentra cuando dejas de ser un personaje para el mundo y te permites ser una mujer frente a otra.
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