Blake Stewart
El salón de proyecciones, que hacía apenas unos segundos era un refugio de promesas y lágrimas de alegría, se transformó en una celda de hielo. La presencia de Genevive Rollings drenó el color de las paredes. No era solo una intrusa; era el recordatorio viviente de que nuestra sangre estaba manchada.
Logan dio un paso al frente, su cuerpo convertido en un escudo de acero frente a mí. Su mano buscó la mía, apretándola con tal fuerza que sentí sus nudillos vibrar.
—Fuera de aquí, Ge