Pero, entonces, la escena cambió: esta vez ella no corrió, sus piernas clavadas en el suelo y ella todavía mirando hacia donde la bala había golpeado. Y, entonces, la frialdad del arma de Alberto se clavó en la parte posterior de su cabeza, enredándose en su cabello. Sin ella poder verlo, sabía que Alberto sonreiría porque la había atrapado en su propia red de mentiras.—¿Te apetece, Alyssa? —repitió Alberto, mirándola con una ceja alzada sin ningún arma en sus manos. Solo la mente de Alyssa sufriendo malos recuerdos de su mente—. Podemos avisarle a Artem, así nos esperará allá. Puedes pasar tus meses de embarazo en nuestra casa y cuando des a luz, puedo organizarte un lugar donde quieras. Claro, aspiro que mi nieto pueda visitarnos en Sol Dorado las veces que pueda.Alyssa asintió, aturdida, sin realmente haber oído ni una porción de lo que Alberto había dicho. Tensa, se inclinó sobre la barra."Cuando des a luz". Hasta ese momento, ella no había tomado en consideración que traería a
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