El mismo guardia, aquel que estaba escondido en la oscuridad, gruñó mostrando los dientes, claramente molesto. Cruzándose de brazos, simplemente sostuvo más cerca de sí la gran arma que estaba sobre su cadera—. Sí, hasta que te tumban y dejas a tu equipo indefenso —el guardia tomó su arma y, en un fluido movimiento, apuntó a la espalda del soldado que no se movía de enfrente de Eros—. Apártate de una vez, Ivanov.—No eres el jefe aquí, Zyran.Zyran le dio una mala mirada a Ivanov—. Cierra tu boca antes de que te la llene de mierda —amenazó, para después girarse hacia Eros—. ¡Y tú, idiota! Haz silencio antes de que te arrepientas.Sin embargo, ahora era Eros quien la llevaba de ganar, pero ese soldado, Zyran, aún no lo sabía. Él se inclinó hacia adelante, desafiando al guardia con su mirada—. ¿Arrepentirme? ¿De qué? No me asustas. Tú eres el verdadero perdedor aquí.Zyran, visiblemente irritado, dio un paso hacia Eros, pero este no apartó nunca la mirada de él. Esto provocó que el enoj
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