La noche había caído cuando el primer Russo murió. Alyssa respiraba agitada, aunque en su rostro se alzaba una falsa máscara de tranquilidad, un recordatorio claro para Eros de que, aunque Alyssa llevaba años siendo una asesina a sueldo, la crueldad no era lo suyo. No estaba en su naturaleza la venganza fría, las muertes violentas o la indecisión de escoger una misión por encima de la sangre familiar.Aquello eran cosas superadas para Eros. De hecho, eran situaciones que superó en menos tiempo de lo que creyó que le tomaría, en realidad. Pero su esposa, su amada Alyssa, tenía un corazón muy grande y hermoso como para poder sobrellevar esa situación en tan poco tiempo. Eros estaba dispuesto a ayudarla, a estar allí para apoyarla. Solo que ambos eran conscientes que el tiempo se les agotaba, pues, con un hermano Russo vivo y escondido todavía, no tenían conocimiento si algún refuerzo de la familia estaba por llegar.Si eso sucedía, Eros sabía que no podían asegurarse la victoria, pues,
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