El aliento de Alyssa trastabilló, no se atrevió a bajar sus ojos al charco de sangre que con rapidez se mezcló con la arena del suelo. Su enojo estaba creciendo tan exponencialmente como el de Luke.—¡Lo quiero a él!, ¿o acaso tengo que acabar con otras vidas para obtenerlo? No tengo distinción en matarte a ti, pero un bebé recién nacido me pesará por un tiempo en la conciencia —aquello finalmente llamó la atención de Alyssa, al punto de hacer que Lucrecia notara el cambio en su postura, la duda en sus ojos y el enojo en sus facciones—. Eso es, creo que ya estás entendiendo mi punto —con una pisada más, Lucrecia estaba a cinco pies de distancia de Alyssa—. Crees que Elián es inocente, que él no mataría a nadie. No solo lo crees, ¡lo sabes! Lo que solo indica una cosa: mientes o conoces, entonces, quién es el verdadero asesino.—No sé de qué estás...—Solo hay dos opciones, Alyssa, y ambos tienen el mismo apellido Caruso —susurró Lucrecia, aunque su voz se perdía un poco con el viento,
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