—Aún quedan, por lo menos, tres o cuatro horas de oscuridad. —Eros miró su reloj y subió su mirada al cielo. Artem esperó por alguna respuesta de alguien, pero solo hubo silencio tras sus palabras. Él suspiró—. Yo mantendré a mi padre entretenido hasta mañana; sus guardias tienen un cambio dentro de quince minutos y solo habrá un tiempo muerto para que tus soldados pasen de sesenta segundos. Después de eso, no vuelvan a pisar la residencia. —Alyssa vio a Artem retirarse, sin despedirse de ella ni de Eros. Aunque, antes de darles la espalda, ella sintió que les dio alguna mirada fugaz a ambos: cuando sus ojos conectaron con Eros, solo vio una ligera seriedad, como si confiase plenamente en lo que Eros haría, pero cuando él vio a Alyssa, había preocupación, ansiedad.Alyssa se preguntó cuál sería la fuente de esos sentimientos que sus ojos desbordaban. Sin embargo, algo más que llamó la atención de Alyssa, más allá de la explicación de esos sentimientos que Artem albergaba por ambos, er
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