Helena tiró el desayuno a las siete y veintidós de la mañana.No fue un accidente.Fue la decisión deliberada de alguien de doce meses que ha descubierto que la gravedad funciona en una dirección y que esta información, una vez verificada, merece ser verificada otra vez.El tazón describió un arco perfecto desde la trona hasta el suelo de la cocina, donde se abrió en un radio de medio metro y cubrió la zona que estaba más limpia.—Helena —dijo Nathan, desde el otro lado de la encimera, con el tono de alguien que toma nota para más tarde.Helena lo miró.Señaló el suelo.—Sí —dijo Nathan—. Ya lo sé.* * *La cocina a las siete y media de un martes de enero tenía su propia física.El café que Evelyn había puesto a hacer antes de que nadie se levantara, cuyo olor llegaba hasta el pasillo. Las mochilas de Lucas y Sophie en el suelo frente al perchero donde deberían estar colgadas. El libro de recetas de Nathan abierto sobre la encimera en la página de tortillas, lo que no tenía ningún sen
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