El aire en el campamento del oasis se volvió gélido a pesar del calor residual de la arena. Lucian Valente, el hijo que Silas había mantenido en la reserva como un depredador enjaulado, observaba a Aura y Gabriel con una mezcla de envidia y desprecio. Su presencia no era el resultado de un experimento científico, sino de la infidelidad y la ambición más humana: Silas no confiaba en que el amor pudiera sostener un imperio, por lo que había engendrado un heredero de sangre pura, educado en el odi