LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 14: La Gravedad del AlmaEl tiempo se detuvo en una fracción de segundo eterna. Suspendido sobre el abismo de Singapur, con las luces de la ciudad girando como un torbellino de joyas eléctricas bajo sus pies, Gabriel Vance sintió el tirón violento del cable de acero en su cintura. El arnés, oculto bajo la elegancia ahora destrozada de su esmoquin, crujió contra sus costillas heridas, pero no le importó. Sus manos, manchadas de la pólvora del piso 55, se cerraron con una delicadeza desesperada alrededor de la pequeña manta de Leo.El niño estaba en sus brazos. El peso más liviano y, al mismo tiempo, el más absoluto de su existencia.Arriba, en el borde de la plataforma, la silueta de Aura se recortaba contra el cielo encendido por el fuego del hotel. Sus manos sostenían el mecanismo de anclaje con una fuerza sobrehumana, sus nudillos blancos, su rostro bañado en las lágrimas que finalmente habían encontrado el camino hacia afuera. El romance de su
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