El aire alrededor del Templo de la Luna Negra parecía arder. Vientos fuertes cargados de polvo cósmico azotaban los restos de los pilares de obsidiana que aún se mantenían en pie. En el cielo, el ojo gigante de Malakor Prime parpadeaba, emitiendo ondas gravitacionales que aplastaban todo a su paso. Sin embargo, para Aria, todo aquel paisaje apocalíptico parecía lejos comparado con la escena que tenía frente a ella.Alaric, su esposo, el Rey Alfa que alguna vez fue poderoso y temido, yacía ahora en el frío suelo de piedra. Su cabello dorado, antes brillante y vigoroso, se había vuelto completamente blanco, opaco y quebradizo. Su piel, antes firme, ahora mostraba arrugas alrededor de los ojos y la mandíbula. Su respiración era pesada y áspera, como el roce de papel viejo.Alaric había entregado su "Corazón de Luz". Había renunciado a su inmortalidad y a su poder para traer de vuelta a Aria al mundo físico. Ahora, no era más que un simple hombre que había envejecido treinta años en cue
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