El mundo no terminó con una explosión, sino con un silencio ensordecedor. Cuando la Espada del Eclipse atravesó el corazón de Aria, la luz que emanaba de su cuerpo ya no era plateada ni negra, sino de un blanco puro que se tragaba todos los colores dentro del Templo de la Luna Negra.
La gravedad dejó de funcionar. Los escombros de obsidiana, los estanques plateados e incluso el cuerpo moribundo de Alaric flotaban en un vacío luminoso.
Aria no sintió dolor. Dentro de la singularidad que había c