Los escombros del Monte Mármol crujían con un ruido horroroso; el sonido de las rocas chocando entre sí resonaba como los gritos de miles de almas sepultadas.
Polvo de cristal llenaba el aire, ahogando los pulmones débiles de Aria. Allí abajo, en el centro de la oscuridad que se desmoronaba, Aria miraba la mano extendida desde el portal dimensional.
La mano era áspera, llena de arrugas y cubierta de cicatrices de cristal endurecido. Detrás del portal se encontraba Silas.
El hombre ya no era e