En la sala de parto, el ambiente se sentía como estar en medio de un centro de tormenta a la vez sagrado y aterrador. El brillo plateado de los cabellos de Aria, que ahora brillaba de forma permanente, iluminaba cada rincón de la habitación, proyectando sombras que bailaban sobre las paredes de mármol. Sin embargo, esa luz no brindaba calma; parpadeaba con una frecuencia inestable, siguiendo el ritmo de la respiración de Aria, cada vez más corta y pesada.Aria apretó las sábanas de seda hasta que se rompieron, sus nudillos se pusieron blancos. Cada contracción se sentía como si una espada giratoria estuviera dentro de su útero. Pero lo que más la torturaba no era el dolor físico, sino la batalla de energías dentro de su cuerpo. La maldición de Void Malachi intentaba devorar el alma del bebé, mientras que su poder Crescent luchaba con todas sus fuerzas para construir una barrera protectora.Jaj... jaj... Alaric... murmuró Aria, sus ojos plateados comenzaron a verse nublados por un
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