Cuando el último aliento de Aria abandonó su cuerpo destrozado en el mundo físico, su conciencia no se apagó en una oscuridad vacía.
Por el contrario, sintió una sensación de transición extraordinariamente intensa, como si su alma estuviera siendo desprendida de su envoltura de carne.
El rugido desesperado de Alaric se desvaneció lentamente, convirtiéndose en un eco distorsionado hasta desaparecer por completo, reemplazado por un silencio tan puro que podía escuchar el propio temblor de su en