En lo que quedaba de la habitación de Luna, ahora solo un esqueleto de pilares y paredes carbonizadas, el ambiente se había transformado en un campo de batalla metafísico aterrador.
El ritual de "Sangre y Luna" acababa de alcanzar su punto crítico. Aria, con su cuerpo temblando violentamente por el agotamiento extremo, aún mantenía la punta de su dedo manchada de sangre plateada presionada contra el pecho diminuto de su hijo, Lucian.
Sin embargo, lo que ocurría a nivel celular era mucho más c