Los primeros rayos de sol que atravesaron los restos del techo del Palacio Obsidiana no trajeron el calor habitual. La luz parecía pálida, como si la atmósfera del mundo aún estuviera temblando debido a la explosión de dominación liberada por el heredero unas horas antes. Dentro de la habitación, que ahora había sido limpiada rápidamente por sirvientes aún temblorosos, Aria se sentaba apoyada en un pequeño trono. Su rostro seguía pálido, pero sus ojos emitían un brillo protector y agudo. En sus brazos, envuelto en una tela de seda negra con bordados plateados, el bebé dormía tranquilamente.Alaric permanecía de pie frente a la ventana destrozada, mirando hacia afuera. En el patio del palacio, miles de guerreros licántropos seguían arrodillados. Aunque su parálisis física había desaparecido, sus lobos interiores se negaban a levantarse por completo. Estaban esperando una cosa: el Anuncio.El mundo está esperando un nombre, Alaric rompió Aria el silencio. Su voz aún era débil, pero
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