La lluvia que había amenazado durante días finalmente rompió sobre el Valle Seco, transformando el polvo en un lodo espeso que parecía querer tragarse las ruinas de "La Promesa". Valeria se encontraba oculta en una cabaña abandonada en los límites de la propiedad, jadeando, con el frío calándole los huesos. El rapto de Julián y Bruno la había dejado en un estado de shock absoluto, pero algo no encajaba. Mientras corría por el bosque, el olor del gas somnífero todavía en sus pulmones, recordó un detalle: Julián no había luchado con la ferocidad de un hombre que defiende su vida; había luchado con la precisión de quien ejecuta una coreografía.De repente, la puerta de la cabaña se abrió. Valeria se armó con un trozo de madera astillada, pero se detuvo al ver la silueta. Era Julián. Estaba impecable, sin un solo rasguño de la supuesta refriega en la casa de seguridad. Tras él, Magdalena Olmos entró con una expresión de frialdad absoluta, despojándose del abrigo de lana color hueso.—¿Jul
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