Despierto varias veces durante la madrugada.No por pesadillas claras, sino por sensaciones: la impresión de estar observada, el recuerdo del miedo alojado en el pecho, la certeza de que algo se rompió, pero no sé qué ha sido.Cada vez que abro los ojos, Adriano sigue ahí.A veces sentado. A veces de pie, mirando por la ventana. Nunca demasiado cerca. Nunca demasiado lejos. Como si midiera cada movimiento.No hablamos.Y, curiosamente, ese silencio no es incómodo… es denso, pero no torturador.Cuando amanece, la luz entra suave por la habitación. Me duele la cabeza, pero ya no tiemblo. Mi cuerpo está cansado, mi mente despierta.―¿Cuánto tiempo llevo aquí? ―pregunto somnolienta.―Doce horas ―responde Adriano sin mirarme―. Te sedaron un poco para que no tuvieras otra crisis nerviosa. Dicen que es normal en estos casos. La policía ha querido venir a hablar contigo, pero no se los permitiré, eso solo te alterará.Asiento.―Gracias, no tienes la obligación de estar aquí.―Lo sé. Estoy aquí
Leer más