Bailamos más de una canción, mi cuerpo se siente flotar y solo por un momento, dejo de pensar demasiado, vivo el instante, de nosotros dos bailando como si no existiera nada más a nuestro alrededor.La gala sigue su curso como si nada. Copas que se alzan, risas medidas, conversaciones sobre inversiones y filantropía. Pero para mí, algo ha cambiado. Cada gesto de Adriano, cada saludo, cada mirada que otros le dirigen ahora tiene un peso distinto. No son miradas de lástima. Son miradas de reconocimiento. Como si estuvieran hablando con un hombre igual de poderoso que estas personas.Y eso no cuadra con la historia que sé de él y que él se ha encargado de contarme.―¿Quieres sentarte? ―pregunta Adriano, inclinándose hacia mí.Asiento, aunque no estoy cansada. Nos sentamos en una mesa lateral, apartados del centro del salón. Adriano toma una copa de agua y me la entrega. La sostengo y bebo un sorbo, pero no me logra relajar como esperaba.―Parece que te conocen ―digo al fin, en voz baja―.
Leer más