Logro calmar a mi madre, evitando que me siga golpeando con su bolso. Me mira, sigue molesta, quizás indignada luego de que le confesara mi venganza fallida y la pusiera al corriente con casi todo.
―La vas a perder, no parece ser una mujer que tolere estar con un hombre mentiroso ―dice.
―Sí, realmente no lo tolera. Me lo ha hecho saber.
Una sonrisa se posa en mis comisuras.
―Y, aun así, sigues mintiendo. ¿Cómo vas a hacer pasar a tu asistente como si fueras tú? “Un amigo con dinero” ―recrimina.