El teléfono de Max sonó en la oscuridad con ese tono estridente que nunca trae buenas noticias. Se incorporó inmediatamente con el corazón ya acelerado antes de ver el nombre en la pantalla.Charlotte.Su hermana nunca llamaba y menos a esta hora de la madrugada.—¿Charlotte?El sonido que escuchó del otro lado le heló la sangre: sollozos descontrolados, su hermana siempre tan compuesta, tan controlada, llorando sin poder hablar coherentemente.—Charlotte, respira, ¿qué pasó?—Es... es papá, Maxwell —las palabras salieron entrecortadas entre sollozos.—¿Qué tiene papá?—Derrame cerebral masivo, colapsó en su oficina hace tres horas, los médicos... Maxwell, los doctores dicen que no pasa de esta noche.Max sintió como si el suelo desapareciera bajo sus pies y todo el aire abandonara sus pulmones de golpe.—¿Qué? No, no, él estaba bien, hablé con él hace una semana y estaba perfectamente bie
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