Las primeras cuarenta y ocho horas después de la filtración fueron un ejercicio de destrucción en cámara lenta, como mirar un edificio derrumbarse piso por piso sabiendo que no puedes hacer nada excepto contar los pisos que quedan. Constanza llamó a Alejandro el miércoles a las siete de la mañana, lo cual era temprano incluso para ella que madrugaba por principio, y el tono de su voz cuando Alejandro contestó hizo que Emma, acostada a su lado en la cama donde se había quedado porque no tenía fuerzas para manejar a su departamento, se despertara de golpe. —Enciende tu computadora y busca tu nombre —dijo Constanza sin saludar. —Ya lo vi, abuela. —¿Lo viste y no me llamaste? —Estaba manejando la situación. —¿Manejando? Alejandro, tu nombre está en cada portal de noticias financieras de Latinoamérica junto al de una mujer que según estos artículos se dedica a destruir matrimonios como trabajo. Mis socios me están llamando. El directorio del fondo me está llamando. Ricardo me
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