La música pulsaba en el club, creando una atmósfera vibrante y cargada de tensión. Anabel, envuelta en su vestido negro, se movía entre los invitados, disfrutando del poder que emanaba de su nueva identidad. Sin embargo, cada risa y cada susurro a su alrededor solo alimentaban el odio que ardía en su interior. Leonardo, el hombre que había sido responsable de su sufrimiento, estaba en la misma habitación, y su presencia era un recordatorio constante de todo lo que había perdido.Mientras Anabel conversaba con algunos de los asistentes, sintió una presencia detrás de ella. Era Leonardo, su voz suave y seductora cortando la música.—¿Te gustaría bailar? —preguntó, su tono cargado de confianza.Anabel se contuvo. El odio que sentía por él era intenso, pero sabía que debía mantener la compostura. Esta era su oportunidad para envolverlo en su juego, para manipularlo como él había hecho con ella en el pasado.—Por supuesto —respondió, forzando una sonrisa, mientras se giraba para enfrentarl
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