Capítulo 59. El refugio de las sábanas blancas.Sinfonía de Carne y Tacto.
El silencio regresó a la mansión con una pesadez artificial. Tras la partida de Sophía y del Doctor Wells, la casa parecía haber quedado vacía de oxígeno. Eleanor entró en la habitación principal, donde Julian descansaba bajo el efecto del sedante. Sus facciones, antes crispadas por el terror, se habían relajado, pero aún quedaba un rastro de agotamiento en las sombras bajo sus ojos.Con movimientos lentos y casi rituales, Eleanor comenzó a desvestirlo. Le quitó los zapatos, desabrochó con cuidado lo que quedaba de su camisa de seda y retiró el pantalón, reemplazándolo por un pijama de algodón ligero. Al tocar su piel, Eleanor sintió un escalofrío; Julian era un hombre imponente, un roble, como había dicho el doctor, pero en ese momento parecía hecho de cristal.Una vez que lo acomodó bajo las mantas, Eleanor se encerró en el baño.Abrió el grifo de la ducha y dejó que el agua caliente golpeara su nuca. Bajo el vapor, su mente se convirtió en una espiral fuera de control. La imagen de
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