La noche no fue tranquila.No hubo pesadillas, pero tampoco descanso real. Leyla durmió en fragmentos, despertando cada cierto tiempo con la sensación de que algo la observaba desde dentro, no desde fuera. No era amenaza. Era presencia.No podía sacar de su mente la sensación de ciertos labios, de ciertas carisias…Se giró en la cama, observando el techo durante largos segundos. Su cuerpo estaba pesado, tibio, como si hubiera corrido kilómetros sin moverse. Cada músculo parecía consciente de sí mismo. Demasiado. A pesar de haberse entregado al placer en los brazos de Aron, después del encuentro con los tres invasores pertenecientes a su antigua manada, la poca tranquilidad que había sentido se esfumó por completo, haciéndola cerrarse como un capullo de nuevo.E inevitablemente se había alejado conscientemente de Aron.—Esto es una mala idea —murmuró para si misma, su instinto le gritaba que saliera corriendo y buscara una nueva ciudad donde empezar… Pero el recuerdo de Aron la detenía
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