Leyla despertó envuelta en calor.
No era el de las mantas.
Era el de Aron.
Su brazo descansaba firme sobre su cintura, pesado pero protector. Su respiración era lenta, profunda, rozándole la nuca con un ritmo constante que la hizo cerrar los ojos un segundo más.
La noche anterior volvió a su mente en destellos.
El fuego en el claro.
La música baja.
La tensión contenida en cada mirada.
Y luego… los besos.
Aron la había besado como si tuviera meses de contención. No con violencia. Sino con necesi