El diario pesaba menos de lo que debería.Valerie lo sostuvo con las dos manos, sentada en el borde de la cama, con la lámpara de noche encendida y los trillizos dormidos al fondo de la habitación. Tres bultos pequeños que respiraban al mismo ritmo. Tres razones para no derrumbarse esta noche ni ninguna otra.Leyó la última entrada otra vez."Cuídate de Roger. Y cuida a mi Julián. Él te necesita más de lo que sabe."Cerró el diario despacio. Lo apretó contra el pecho un segundo, solo uno, como si pudiera absorber algo de la mujer que lo había escrito. Después se puso de pie, fue al armario, empujó la tabla suelta del fondo que había descubierto por accidente tres semanas atrás, y metió el diario adentro. Lo cubrió con una manta vieja. Empujó la tabla de vuelta hasta que encajó sin ruido.Nadie sabía que esa tabla existía.Nadie iba a saberlo.Pasó los dedos por la madera lisa. El diario contenía suficiente para hundir a Roger, suficiente para explicar por qué Matilde había pasado cuar
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