Un año después.La costa de Normandía, Francia, era un lugar de vientos gélidos y acantilados que desafiaban al océano Atlántico. Allí, en una pequeña casa de piedra restaurada, Sebastián y Valeria intentaban aprender el arte más difícil del mundo: la normalidad. Bajo el alias de los "Dumont", vivían una vida de agricultores y restauradores de muebles, lejos de los códigos de programación y los laboratorios genéticos.Sin embargo, para Sebastián, la normalidad era un disfraz que le quedaba pequeño. Cada mañana, antes de que saliera el sol, se encerraba en el granero, no para trabajar la madera, sino para vigilar el archivo "Horizonte" que Mateo le había dejado.El archivo era un pozo sin fondo de datos. Contenía pruebas de que la corrupción de Chimera Global no había muerto con Isabella, sino que se había fragmentado en docenas de corporaciones más pequeñas y letales.Sebastián, el café se enfría Valeria entró en el granero, sus ojos todavía cargados con esa melancolía que el tiempo n
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