AsherLes había dicho a los chicos que dejaran a Willow en paz con lo de los niños. Pero, a decir verdad, su historia no me convencía. No del todo. Quizá debería haberlo dejado pasar, pero no podía quitarme de la cabeza esa inquietante sospecha. ¿El niño? Se parecía exactamente a nosotros. Los dos se parecían a Axel, a Willow, a Aiden y a mí, con los mismos rasgos marcados, la misma chispa rebelde en los ojos. ¿Y la niña? Tenía los ojos de nuestra madre, ese verde inquietante y esas motas doradas alrededor.Quizá fuera por todas las mentiras con las que nos habían alimentado mientras crecíamos, pero algo no cuadraba. Había visto la angustia de Willow, cómo se derrumbaba cuando hablaba, cómo se le vidriaban los ojos cada vez que intentábamos presionarla para obtener respuestas. Estaba destrozada, y no podía culparla por mentir. No podía culparla por querer protegerse a sí misma y a sus hijos, aunque eso significara ocultarnos la verdad. Pero sabía muy bien que era cierto: sus hijos,
Leer más