El tiempo no es una línea recta, sino un círculo. Las estaciones vuelven, las uvas maduran y caen, y los hombres nacen, aman y mueren bajo el mismo sol implacable.Han pasado diez años desde el descubrimiento del "Vino Perdido". La Hacienda Vargas ha entrado en una nueva era dorada. El acuerdo con Jean-Luc, aunque nacido del chantaje, resultó ser fructífero comercialmente, y el francés, seducido por la autenticidad del valle (y quizás por el encanto maduro de Sofía, con quien mantenía una relación de amor-odio fascinante), se había convertido en un socio leal.Lucas Vargas tenía ahora setenta y dos años. Su pelo era completamente blanco y su cojera más pronunciada, pero su mente seguía afilada. Pasaba sus días escribiendo las memorias de la bodega, sentado en el porche, rodeado de nietos.Alex dirigía la empresa con mano firme y visión moderna. Leo, su hijo, había revolucionado el marketing digital. La hija de Clara, una joven llamada **Victoria** (irónicamente, aunque Clara juraba qu
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