Dominic BlackwoodHabía una ligereza extraña en mis pulmones, una sensación que no recordaba haber experimentado jamás. Confesarle a Chloe el origen de mi oscuridad, el peso de aquel primer disparo a los dieciséis años y la sangre que manchaba los cimientos de esta casa, había sido como arrancar una armadura que se había fusionado con mi propia piel. Por primera vez en décadas, la gárgola no sentía el peso del mundo sobre sus hombros.Me quedé en la cama, viendo cómo la luz del amanecer se filtraba por las pesadas cortinas, hasta que la puerta se abrió suavemente. Chloe entró con una bandeja de desayuno, pero no fue la comida lo que me quitó el aliento, sino la mirada de absoluta aceptación en sus ojos. No me miraba como a un asesino, sino como a su hombre.Comimos casi en silencio, un silencio cómodo, cargado de una electricidad que hacía que el aire vibrara. Pero en cuanto ella dejó la bandeja a un lado, el ambiente cambió. Chloe se acercó a mí, gateando sobre las sábanas de seda co
Ler mais