Liam se pasó los dedos por el cuello de la camisa, aflojando el botón. No levantó la mirada.—Estaba conduciendo una negociación multimillonaria, Alex —respondió Liam, sin alterar el tono—. Mi papel allí no era agradar a nadie. Era cerrar el contrato.—Yo quería que cerraras el contrato sin casi echarlo todo a perder —dijo Alex, firme, pero sin elevar la voz—. Hoy, los inversores solo firmaron porque la propuesta era demasiado buena para rechazarla, no por ti. Y eso no es habitual.Hizo una breve pausa, mirándolo directamente.—Estás distinto, Liam. Muy distinto. Y por más que intentes negarlo, esto tiene que ver con Olívia.Silencio.Liam tomó el celular, desbloqueó la pantalla y empezó a deslizar los dedos como si buscara algo urgente. El gesto era automático, pero delataba huida. Cruzó las piernas sobre la mesa de centro, sin mirar a Alex.—Necesito leer algunos correos —dijo, con voz fría y objetiva—. Mañana, a las ocho, te espero en recepción.Alex lo observó durante unos segundo
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