Liam entró en su habitación y cerró la puerta de un portazo. Arrojó la ropa sobre la cama, el celular encima, y fue directo al baño. Empujó la mampara, giró la llave. El agua caliente cayó pesada sobre los hombros, resbalando por la espalda, acallándolo todo por un instante: la habitación, la casa, el mundo.Apoyó la palma de la mano en la pared fría de mármol y bajó la cabeza. Respiró hondo, como si buscara aire en un lugar donde no lo había. El rostro de Olívia apareció de golpe: la mirada insistente, la pregunta atravesada, los labios temblorosos, el cuerpo que aún parecía pegado al suyo.“Liam… ¿qué sientes por mí?”Las palabras volvieron a rasgar. Cerró los ojos, el agua golpeando la coronilla, pesando los párpados. La mandíbula tensa.—Nunca perdiste el control, Liam —murmuró, tan bajo que su propia voz pareció disolverse en el vapor.Se quedó así durante unos minutos que parecían no terminar nunca, respirando y no respirando, entre el agua y el silencio, intentando encajar de n
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