Olívia simplemente le devolvió el beso, entregándose a aquel momento. Los besos eran ardientes, casi feroces; había rabia, deseo y algo innombrable, como si uno quisiera devorar al otro.Liam la atrajo con fuerza, las manos deslizándose hasta sus muslos, apretándolos con firmeza, como si quisiera recordarle quién tenía el control.Cada contacto de los labios de él era un choque que recorría la piel de ella; el corazón le latía descompasado, mezclando furia, miedo y una necesidad urgente de ser deseada. El sabor del beso traía recuerdos de todo lo que ella odiaba en él y, al mismo tiempo, un calor que le hacía perder las fuerzas; era como si, entre un beso y otro, oscilara entre querer empujarlo y querer perderse en él.De pronto, Liam interrumpió el beso. El calor del momento se deshizo en el aire, abrupto y frío, dejando solo el silencio. Él se apartó un paso, respirando hondo, los ojos verdes turbios. Olívia no entendía nada, el cuerpo aún tembloroso, el corazón desbocado.—¿Liam? —
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