Liam entró en su habitación y cerró la puerta de un portazo. Arrojó la ropa sobre la cama, el celular encima, y fue directo al baño. Empujó la mampara, giró la llave. El agua caliente cayó pesada sobre los hombros, resbalando por la espalda, acallándolo todo por un instante: la habitación, la casa, el mundo.
Apoyó la palma de la mano en la pared fría de mármol y bajó la cabeza. Respiró hondo, como si buscara aire en un lugar donde no lo había. El rostro de Olívia apareció de golpe: la mirada in