Olívia observó la tela con atención.
—Vaya… esto es un espectáculo. Ve a probártelo.
Unos minutos después, Ísis salió del probador y toda la tienda pareció detenerse por un segundo. El vestido dorado caía a la perfección sobre su cuerpo, realzando sus curvas con elegancia.
—¿Y entonces? —preguntó Ísis, girando suavemente frente al espejo—. ¿Tengo cara de rica o de limpiadora disfrazada?
Olívia sonrió con su forma habitual.
—Estás deslumbrante. En serio. Si yo fuera hombre, te pediría matrimonio