El beat electrónico vibraba por el suelo de la discoteca como si tuviera vida propia, subiendo por las piernas y el pecho de quienes cruzaban aquella puerta. Las luces LED cortaban el ambiente en haces de color, alternando rosa, azul y violeta, lanzando reflejos hipnóticos sobre los cuerpos que se movían al ritmo de la música.En cuanto las tres entraron, Ísis alzó las manos, ya riendo, ya vibrando, completamente energizada por el clima a su alrededor.—Gente… —dijo, llevándose la mano al pecho con teatralidad—. Esta es oficialmente la primera vez que YO, Ísis Murphy, entro a una discoteca sin hacer fila. El apellido Holt es un pase libre para todo, ¿eh? En serio, estas puertas se abrieron como el mar Rojo para Moisés. Estoy impactada.Laura rió, esa risa viva, llena de presencia.—Disfrútalo, amiga —respondió—. Porque junto con el pase libre viene el paquete completo de drama, terapia y seguridad incluso para ir al baño.Olívia solo sonrió, discreta, dejando que las manos se deslizar
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