La puerta del ático de Alex se abrió incluso antes de que Liam tuviera tiempo de tocar el timbre por segunda vez.
—Buenas noches, señor Holt —dijo la empleada, inclinando la cabeza con respeto—. El doctor Alex está en el dormitorio.
Abrió un poco más el paso para que Liam entrara.
El ático estaba impecable. Iluminación cálida, aroma a whisky caro e incienso suave, obras de arte discretas en las paredes. Un ambiente propio de gente poderosa.
Alex apareció enseguida, saliendo del pasillo interior