Liam bajó a la pista con la misma calma controlada que intimidaba a cualquiera que lo conociera. La mirada recorría la multitud con precisión fría, buscando una sola cosa: Olívia. Pero ella no estaba donde debía estar.
Analizó el espacio a su alrededor, la postura rígida, los hombros tensos, el maxilar marcado. Nada. Ningún rastro de ella.
Entonces encontró a Laura besándose con su ligue, él sujetándola por la cintura como si tuviera todo el derecho del mundo.
Liam se acercó.
—Laura —llamó, con