Frederico, que hasta entonces había permanecido callado, alzó la vista de los cubiertos y observó a su nieto. Luego, sin prisa, miró a Bárbara. Por último, posó los ojos en Olívia.Laura, demasiado indignada para mantener cualquier filtro, se inclinó un poco hacia adelante. La luz cálida del salón se reflejó en su mirada, ahora firme, afilada.—¿Por qué Olívia no estaba contigo en ese viaje? —preguntó Laura, seria—. ¿Y por qué, exactamente, regresaste en el jet con Bárbara?Liam alzó la mirada despacio, encontrándose con la de su hermana. Durante un segundo —un único segundo—, su frialdad cedió.—Negocios, Princesa —dijo, con una breve media sonrisa, de esas que solo Laura conseguía arrancarle incluso en los peores momentos—. Nada más que eso.—Negocios —repitió ella, seca—. Claro. Todo siempre muy profesional.No quería pelear con Liam. Quería que viera lo que estaba haciéndole a Olívia. Bárbara sonrió, dando un sorbo al vino.—Fue un viaje tranquilo —añadió, como si ayudara—. A pesa
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