El amanecer encontró a Isadora frente al espejo, contemplando el reflejo de una mujer a punto de casarse en las circunstancias más extrañas imaginables.No había vestido blanco, no había flores ni música ni invitados llenando un salón, solo un traje de seda color marfil que Elena había conseguido durante la noche, simple y elegante, diseñado para una boda que nadie debía saber que estaba ocurriendo.—Estás hermosa. —La voz de Elena llegó desde la puerta.—Estoy práctica. —Isadora ajustó el collar de rubíes sobre su cuello—. Esto no es una boda, es una transacción legal.—Sigue siendo tu boda y mereces sentir algo más que estrategia.Isadora se giró para mirarla, Elena llevaba un vestido azul oscuro, su cabello recogido con la elegancia profesional que la caracterizaba, pero en sus ojos había algo más suave, más humano.—¿Alguna vez imaginaste casarte así? —preguntó Isadora—. Sin familia, sin celebración, solo dos testigos y un juez en una oficina vacía.—Imaginé no casarme nunca, dema
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