La lógica es la única herramienta que permite a un hombre como yo sobrevivir en la cima sin despeñarse. Si puedes medir un riesgo, puedes mitigarlo. Si puedes establecer reglas, puedes controlar el resultado. O eso era lo que me repetía a las siete de la mañana, mientras observaba cómo la cafetera goteaba con una precisión que, por primera vez, no lograba calmar mis nervios.Escuché sus pasos antes de verla. Eran irregulares, perezosos, descalzos contra el roble. Me giré y la imagen que me devolvió el salón fue el sabotaje visual más perfecto que he enfrentado en mi vida. Casey llevaba mi camisa. La seda blanca, que normalmente uso para proyectar una imagen de autoridad inquebrantable, colgaba de sus hombros, ocultando y revelando sus muslos con una insolencia que me hizo cerrar el puño por puro instinto de posesión. El cabello rubio, ese caos que tanto critico, era una maraña dorada que me recordó, con una punzada en la ingle, cómo lo había enredado en mis dedos unas horas antes.—Si
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