Tener a Casey Donovan en mi santuario privado fue el error estratégico más grande de mi carrera. No fue solo el hecho de verla despertar con el cabello desordenado y esa mirada de confusión que la hacía parecer extrañamente vulnerable; fue el hecho de que, por primera vez, mi apartamento —el único lugar donde el silencio es absoluto— se sintió lleno de una energía que no podía clasificar. Y lo peor de todo: ahora que se había ido a su casa a cambiarse, el lugar olía a ella.
El trayecto a la ofi