Casi por instinto, Daven le tomó la mano. Bajó un instante la mirada hacia el vientre de ella, todavía plano, pero no hacía falta que dijera nada. Allí crecía una nueva vida, llena de esperanza.Apenas entró Arven, Riana le habló con aspereza, aunque con tono juguetón.—Arven, traes a tu jefe a casa demasiado tarde y demasiado seguido.Arven parpadeó y se señaló a sí mismo.—¿Yo?—Sí, tú —siguió Riana sin perder el ritmo—. Daven debería estar en casa más seguido. ¿No tienes un equipo que te apoye y le quite un poco de trabajo?Arven se veía realmente incómodo.—Aun así, necesito que el señor Daven apruebe casi todas las decisiones.Riana chasqueó la lengua y se cruzó de brazos. Ni siquiera cedió cuando su esposo se acercó, le rodeó la cintura con un brazo y le susurró algo para calmarla.—¿No te das cuenta de que la esposa de tu jefe está en el primer trimestre? —Le reclamó.Arven se quedó inmóvil una fracción de segundo.—¿Embarazada? —Miró a Riana antes de volverse hacia Daven, que e
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