—Sí. —Althea abrió los brazos de par en par, estrechó a su hija con fuerza y le dio un beso en la coronilla—. ¿Qué hiciste hoy, eh?
—¡Nadar! Aprendí a hacer clavados y… jugué voleibol en la alberca.
Althea arqueó una ceja, teatral.
—¿Y perdiste?
—Claro que no. —Grace sacó el pecho con orgullo—. Josh perdió.
—Ah, ¿sí? —La provocó Althea, entrecerrando los ojos con picardía.
La sonrisa de Grace se ensanchó.
—Eli y yo estábamos en el mismo equipo. Somos imparables.
Althea rio.
—Seguro que al tío Ca