La sonrisa de Selena se ensanchó.—Por supuesto. ¿Por qué no habría de estarlo? —Se hizo un poco a un lado—. Discúlpeme por interrumpir tanto. Sentí que usted debía saber lo que pasó en verdad.Riana avanzó hacia el interior de la habitación, sin prestar mayor atención a las palabras de Selena. Miró directo a Eli.—¿Cómo estás, cariño?Eli sonrió radiante.—Estoy bien, abuela. Es solo un moretón pequeño, en serio, muy chiquito. Silvia fue rápida para apartarme. Si alguien salió lastimada, fue ella.Riana se sentó a su lado y le examinó con cuidado el brazo.—Ay, mi niña... todavía está morado. ¿Vamos al doctor ahora? Necesitas un chequeo completo. Silvia también.—No, abuela. —Eli la interrumpió, negando con firmeza—. Estoy bien. En serio.—Debes de haberte asustado mucho. Deja que el doctor te revise, solo para estar seguras.Eli estiró la mano y tomó la de Riana, con un apretón suave pero tembloroso, tal vez por el susto que aún le quedaba, o tal vez porque de pronto se dio cuenta de
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