Cerca del mediodía, el timbre sonó y desvió la atención de Althea de la sala. Lydia, que había estado acomodando un ramo en el florero, también giró la cabeza. Una empleada se apresuró a abrir la puerta y, cuando la abrió, Riana apareció parada, elegante como siempre, con su abrigo color crema y el cabello pulcramente recogido.—¿Mami? —la saludó Althea con una sonrisa luminosa.—Ay, cariño. —Riana dio un paso al frente y envolvió a Althea en un cálido abrazo—. Y mira… mira a quién tenemos hoy en tu casa.Lydia sonrió y se sumó al abrazo.—¿Qué piensas, mami? ¿Quién soy yo?Riana rio.—La novia de mi hijo, por supuesto. ¿Esta jovencita no tiene la intención de visitarme de vez en cuando?—Ay, vamos, mamá. —Lydia hizo un puchero juguetón.Riana rio aún más fuerte. Las tres se acomodaron juntas en la sala y conversaron de todo, en especial de todo lo que Lydia había estado haciendo durante su estancia en Bahamas.—Ah, y acabo de enterarme de algo sobre Daven —dijo Riana—. Althea, escuché
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