Josh se volvió hacia él sin dudarlo, con esos ojos azul océano brillando de confianza.—¡Claro que me encantaría! Pero primero tienes que pedirle permiso a mami y a papi.Una vez más, a Daven se le retorció algo por dentro. Esa sola palabra, “papi”, lo golpeó como un latigazo. Sabía bien que, a sus ojos, él no era más que un extraño. Alguien con la suerte suficiente de que todavía le permitieran un lugar en su mundo.—Está bien —dijo Daven en voz baja, asintiendo—. Entonces le pediré permiso a tu mamá para llevarte de viaje.Josh sonrió de oreja a oreja y asintió con entusiasmo antes de lanzarse a contar sus historias de vacaciones pasadas. Daven lo escuchó sin interrumpirlo, sin atreverse a romper el flujo de esa alegría inocente. Observó cada expresión animada, cada risa sin filtros, y deseó en silencio que llegara el día en que las aventuras de Josh giraran en torno a él, a los dos juntos.—En serio voy a estar esperando eso, señor Guapo. —Josh sonrió ampliamente—. Va a ser increíbl
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